La larga y complicada historia de cómo conseguir un libro que al parecer pocos recuerdan: El Hilo de Plata

En mi pubertad comencé a escuchar a uno de los grupos de rock mexicano más representativos del segundo “boom” de la escena mexicana, La Castañeda, y recuerdo que en una de sus entrevistas les preguntaron sobre la inspiración para darle nombre a la banda. Chava Moreno fue quien narró su fascinación por el manicomio que por muchos años se situó en Calzada Mixcoac, un lugar que al pasar de los años se tornó oscuro por encerrar a quienes se le consideraba la peor escoria del país, “locos sin remedio” y cuya existencia parecía no importar a nadie o a pocos.

Existen muchas historias sobre las personas internadas en ese lugar que pertenecía al Sr. Ignacio Torres Adalid y cuyo funcionamiento fue para Porfirio Díaz, símbolo de modernidad, pero que a la larga se convirtió en uno de los peores lastres de su gobierno pues existieron diversas denuncias sobre malos tratos a los internos, muertes, historias escalofriantes que fueron rescatadas mucho tiempo después por algunos artistas o escritores. La Castañeda fue cerrada en 1968 y sus pacientes reingresados en otros centros hospitalarios. El derrumbe del edificio y con ello, según Chava Moreno, la libertad para la locura que infectó la Ciudad de México y sus habitantes.

En esa entrevista los integrantes del Grupo presentaban El Hilo de Plata (2009), disco que tomaba el nombre de un libro llamado, “El Hilo de Plata: 369 días entre locos peligrosos, la trágica vida de los dementes y su muerte de martirio” (1965), un texto escrito por Cayetano Alfonso Guerrero Ruiz, un escritor y periodista quien se hizo pasar por loco para ser internado y poder documentar de primera mano las historias que envolvían a La Castañeda.

El hilo de plata era una metáfora para el escritor sobre el único vínculo que lo mantenía conectado con la realidad. Desde entonces, esas historia me fascinó, la historia sobre un penoso capítulo no sólo de la historia de México, sino de la medicina mexicana, una historia que se mantiene viva rondando los rincones de las memorias de algunos, de pocos y cuyo emblema más poderoso es la fachada que rescató Arturo Quintana Arrioja en 1969 y reconstruyó piedra a piedra en Amecameca, Estado de México. Esa misma fachada que ocultó por muchos años las arbitrariedades de “imbéciles”, “agitados”, “perturbados” y “toxicómanos”.

La búsqueda

Leer un poco sobre La Castañeda y sus historias avivó más la idea de poder leer ese texto de Cayetano Ruiz, a pesar de existir otros textos, materiales gráficos, testimonios e incluso las ilustraciones de José Luis Cuevas, mi obsesión se centró en conseguir ESE libro. Recorrí librerías, pedí información, hice pedidos anticipados, todo sin éxito. No diré que se convirtió en una obsesión enferma y que me quitara el sueño, pues como sea, debía compartir pensamientos con otras actividades, ¡tengo aaalgo de vida!, pero en cada oportunidad que tenía dedicaba tiempo para mi búsqueda.

Si bien el libro se encuentra en la Biblioteca Nacional y en la Daniel Cosío Villegas, del Colegio de México, lo que yo quería, quiero, es una copia para mi incipiente biblioteca.

En junio de este año, las ganas de conseguirlo se avivaron en una visita a la Biblioteca México donde el personal me ayudó con una búsqueda más que incluyó llamada a dos encargados de otras bibliotecas (supongo que existe todo un mundo y comunidad de bibliotecarios en México) aunque de nuevo sin éxito; pero esta vez no me fui con las manos vacías, me llevé el registro exacto del libro de las dos bibliotecas donde tienen copia para llegar directo a buscarlo. Dos días después con la complicidad de David, fuimos a la Biblioteca Nacional pero al llegar y después de llenar los formatos me dijeron que no podía sacar fotocopias… pues ya tenía 27 años la edición y después de 25, ya no se podía salir más allá del torniquete. ¡Llegué dos años tarde!
fima el hilo de plata

Lo que sí me permitieron después de llenar un formato más, fue sacar fotografías de un ejemplar de la primera edición y además, ¡firmada por el autor! <3. Ese formato me da derecho a publicar las fotos del libro, obviamente citando la fuente, así que bueno, para quienes quieran conocer el texto, aunque sea en fotos, compartiré el enlace donde podrán mirar y leer el texto de quien en La Castañeda se hizo conocer como “El Yoghi”.

ENLACE: https://drive.google.com/open?id=0BzdDlyWzk7MZLTJfT05hYVpDdWc

El Yogui - El hilo de plata

Después de tomar las imágenes, subirlas al Drive y darle un poco de orden, mandé un mensaje a la Secretaría de Educación Pública preguntando cómo se podría obtener una impresión del libro, pero al momento no he recibido respuesta.

Algo más que ocurrió, fue que en el recuento de las páginas, faltaban las número 12 y 13, la segunda importantísima pues es donde Cayetano Ruíz describe qué es el Hilo de plata, así que lo tomé como una oportunidad para conocer la copia que tienen en el Colegio de México, a donde esta vez nos acompañó Zoé, quien por cierto no pudo entrar porque no permiten niños.
pag 13 el hilo de plata
El proceso para consultar el libro fue parecido, llenar una papeleta y esperar a que lo entreguen, aunque ahí sí me dejaban fotocopiarlo desistí porque en realidad no quiero las fotocopias, quiero el libro con hojas amarillentas, como el mismo que está dedicado a Carlos Pellicer ahí en el Colmex.
hilo de plata carlos pellicer

Realmente no sé si algún día lograré tener una copia para mi pero por lo menos ya pude leer este libro del que no les contaré más, pues creo que a pesar de su redacción tan peculiar (si lo “hojean” lo entenderán), es un texto que vale la pena, recordado por muy pocos, ínfimamente conocido y que rescata la historia increíble de un hombre que vivió en carne propia las truculentas historias de La Castañeda.

PD. ¿Cuántos libros serán olvidados, desestimados? ¿Cuántos buenos textos pasarán como la noche sin que la popularidad los alcance? ¿Cuántos autores quedaron en el olvido porque simplemente no hubo una promoción y presupuesto que los apoyara? ¿Estoy ya exagerando? ¿Seré demandada por compartir las fotos de un libro? No sé, sólo la SEP lo sabe.

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