El otro Culiacán

“¿Y no te da miedo ir para allá?” “Ten mucho cuidado, está bien feo, dicen que matan a cada rato”. Fueron dos de las muchas expresiones que recibí cuando contaba que trabajaría unos meses en Culiacán, Sinaloa, ninguna malintencionada, pero provocadas por la imagen que tenemos quienes vivimos en otra ciudad del país, en nuestra mente todas las mujeres son buchonas (mujeres operadas, ostentosas casi siempre pareja de algún narcotraficante), que todos los hombres son narcos, escuchan banda, toman Buchanans, portan armas, usan botas y sombrero y viajan en camionetas; bueno pues en esos meses me di cuenta de que no es cierto…no todo.

Es cierto que en las estadísticas Sinaloa y específicamente Culiacán la capital, es una de las ciudades más peligrosas del país (sic), que sí secuestran, asesinan, hay balaceras, enfrentamientos…pero igual en Ciudad de México, Edomex, Guadalajara, Monterrey, Michoacán, Guerrero, en fin, igual que en todo el país.

“En Sinaloa le tenemos más miedo a los políticos que a los narcos” fue un comentario que escuché muchas veces, así como “aquí los narcos ayudan más que el gobierno”, y aunque ya lo había escuchado en alguna entrevista o rumor por Internet, impresiona oírlo en palabras de un culichi.

Culiacán es un lugar tranquilo, mucho, la gente es amable, cálida, tal vez más que el calor que todos los días azota la ciudad, aprendí mucho de cada persona con quien crucé palabra o tuve la fortuna de convivir, nada exagerado el dicho de que Culiacán se queda en el corazón pero sobre todo cambió mi percepción de aquella ciudad “cuna de los más grandes capos del narco” y fue para bien.

Orgullo es la palabra con la que definiría a los culichis, orgullo y mucho, de haber nacido ahí, de tener la familia que tienen y de ser quienes son, no importa si es alguien de Tierra Blanca, de una colonia popular o de clase alta, la gente siente orgullo de ser sinaloense.

Queremos oportunidades

Es increíble saber que gran cantidad de jóvenes se emplea en cualquier trabajo contal de tener ingreso, a pesar de contar con licenciaturas o maestrías. La época de campañas fue oxígeno para muchos de ellos pues el voluntariado les da una pequeña luz en la búsqueda de una oportunidad para ser contemplados para ocupar algún trabajo que pague más o menos, aunque no dé prestaciones pero que alcance. Activación de empresas que imprimen utilitarios, transporte, comida, de espacios publicitarios, medios locales, y todo tipo de negocio trata de participar en la repartición de recursos ofreciendo servicios. Y que conste que no me refiero a temas de corrupción (ese es otro tema), sino de gente buscando trabajo honrado en un proceso electoral en el que los partidos reparten gastan recursos para sus campañas.
Pasado este periodo y cuando todo parece volver a la normalidad lo que se espera es mucha quietud y muy pocas oportunidades de laborar dentro de “la cuarta ciudad más atractiva para vivir del país” Si eres madre soltera, si tienes tatuajes, si estás embarazada, si eres recién egresado, en fin, diversas complicaciones que afectan el ingreso en un empleo formal. Más allá de un elemento más para los discursos, se trata de una realidad que afecta a muchos.

Duele dejar Culiacán, sí eso se lee y escucha de quienes deben dejar la ciudad de sus amores, esas ciudad que los marcó y que siempre llevarán en el corazón, la que en momentos detestaron por su falta de oportunidades o su espantoso calor, Culiacán la de la mala fama pero amada, muy amada ciudad.

La imagen de Culiacán al terminar mi estadía simplemente cambió, para mí es donde puedo conseguir un guamuchilito, comer mariscos en carreta a buen precio sin miedo a intoxicarme; el lugar donde se comen unas deliciosas tortillas de harina, donde sólo encuentras frijoles bayos, el lugar donde las “cenadurías” sirven los tacos con mucha pero mucha ensalada, el de las mujeres seguras de sí, de los hombres que gustan vestir bien, el del beisbol, el de los árboles de naranjitas, ciruelas y mangos petacones.

Culiacán el de la gente trabajadora, muchas gracias.

PD. ¿El narco, los corridos, Malverde? Están ahí sí, como en todo México.

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